Cuando escuchan sobre los talleres de risoterapia, muchas personas dicen “¿Para qué voy a gastar mi dinero para que alguien me cuente chistes? Para eso me quedo en casa”. Nada más alejado de la realidad, pues en estos talleres el facilitador no se dedica a contar chistes o a practicar rutinas cómicas. El objetivo de quien dirige la actividad es hacer que los participantes interactúen entre sí, pues son ellos los verdaderos protagonistas; además se encarga de las actividades, mide los tiempos y otorga sentido a la actividad.

¿Qué es la risoterapia?

La risoterapia agrupa una serie de técnicas orientadas a elevar y transformar el estado de ánimo de los participantes, lo que se consigue a través de actividades grupales que elevan consecutivamente el grado de implicación de todas las personas. El objetivo es crear un clima de confianza, de camaradería para que todos logren cierto estado de apertura, que depongan sus barreras y regrese a ese estado de la niñez; en donde el juego y la diversión cobran importancia capital y se permite a si mismo disfrutar sin pensar en lo que le rodea.

Podríamos afirmar que el propósito fundamental de estas dinámicas no es otro que el de involucrar a los individuos y desarrollar el sentido del humor, a la vez que aprenden cómo ver el mundo desde otras perspectiva, incluso riéndose de si mismos y eliminando ese halo de seriedad y gravedad que a veces sólo empeoran las situaciones y evitan el encontrar una solución real y creativa.

Reír parece algo cotidiano y pueril, pero no deben descartarse sus múltiples beneficios. Se ha comprobado que la risa mejora la capacidad respiratoria, además fortalece el corazón y potencia la función del sistema inmune. En un nivel emocional, reír mejora la autoestima, es un remedio ideal para combatir el miedo y las fobias. Como si fuera poco, al reír se liberan una serie de hormonas que producen una sensación de felicidad y relajan, además de combatir el insomnio; en efecto, se ha comprobado que un minuto de risa descontrolada, carcajadas puras y sinceras, equivales a estar 45 minutos en relajación profunda.

Cómo es una sesión de risoterapia

La risa es un instrumento poderoso, y para poder aprovechar todos sus beneficios en un taller de risoterapia, hará falta que la persona encargada de éste sea capaz de entender y ejecutar a la perfección su labor. Un facilitador de un taller de risoterapia es como un director de orquesta que desde su sitio debe llevar el ritmo e intensidad de las actividades y juegos. Controlará la implicación de todos los participantes, verá qué tipo de juegos le va más a cada grupo, y será capaz de adaptar su modelo inicial del taller para que sea el ideal para todos los participantes. El conductor del taller sabe que hay actividades que son muy acertadas, pero que pueden que no funcionen con determinado grupo. Además, debe tener en cuenta la edad y condición psicomotriz de los participantes para que pueda extraer el máximo provecho de cada sesión.

Cada sesión o taller de risoterapia estará diseñado de acuerdo a la finalidad que se tenga como grupo: puede ser algo tan sencillo como pasar una tarde agradable, como hacer que el ambiente de un grupo laboral sea armónico y unido. Las diferencias entre uno y otro dependerán del tipo de juegos que se utilicen, por ejemplo, existen actividades orientaas a potenciar la autoestima, otras en las que se hace patente la necesidad de alcanzar acuerdos y negociar con los compañeros de taller, otros en donde se pretende potenciar el trabajo creativo. Es posible hacer énfasis en varios aspectos a la vez, trabajar más de un objetivo por sesión . En las empresas se suelen hacer talleres de risoterapia en el que se trabajan la cooperación, autoestima y el trabajo en equipo; mientras que en un taller de ocio se buscan ejercicios particulares que se ajusten al grupo y que produzcan los mejores efectos.

La tarea del facilitador de un taller de risoterapia comienza antes de cada sesión, pues es primordial el diseño y preparación del taller, eligiendo los ejercicios adecuados para trabajar cada aspecto solicitado, teniendo en cuenta todas las variables que expusimos con anterioridad. La risa es muy contagiosa, así que es normal que el conductor del taller también sucumba ante los encantos de la risa y termine riendo a carcajadas, aunque su labor sea la de observador.

Cuando el taller finaliza las sensaciones suelen ser muy placenteras, no sólo por la alegría y energía positiva liberada, sino por la relajación que sigue a una buena sesión de carcajadas. Incluso el conductor del taller puede beneficiarse de estas sensaciones. La risoterapia es muy versátil, se puede ajustar a cualquier situación y requerimiento, siempre con resultados igual de positivos; aunque lo ideal es reforzarlo con varias sesiones.

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Begoña Ramos

 

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